El vestido de novia es uno de los elementos más reconocibles de un enlace matrimonial. No solo es importante por la continuidad de las costumbres, sino también porque es una fiel representación de quien lo lleva puesto y sus gustos (sencillez, ostentosidad, etc.). Sin embargo, una alternativa muy tradicional y preciada es el uso de la mantilla en lugar del velo de novias. En este artículo te explicamos cómo esta prenda inigualable encaja perfectamente en esta ceremonia.
La mantilla, tradición y patrimonio cultural
Si hay una prenda que ha acompañado a las mujeres españolas durante siglos, esa es la mantilla. Diferentes orígenes se atribuyen a esta obra de arte, y en la actualidad no está realmente claro si se trata de un vestigio de la civilización ibérica o una herencia del velo musulmán, heredada durante el Al-Ándalus.
Hoy en día, este preciado manto sirve, según la tradición, para identificar a la mujer española en el mundo. Es, asimismo, un complemento que roba todo el protagonismo en una boda, donde comenzó a usarse en ocasiones formales y religiosas (no se aconseja para ceremonias civiles, aunque todo depende del formato).
El velo de novia más original
El principal elemento distintivo de esta prenda es su largura, llegando a cubrir hasta unos dedos por debajo de la cadera. A su vez, suele estar sujetada al vestido de forma discreta a la altura de los hombros, de modo que no se mueva demasiado ni salga volando. Además, existen distintos tipos:
- Mantilla de Chantilly: está hecha con diseños muy variados y un tejido muy fino.
- Mantilla de blonda: también conocida como encaje de seda, prioriza los diseños florales y destaca por sus ondulaciones.
- Mantilla de tul: suele estar elaborada con seda o algodón y es mucho más transparente.
¿Cómo usar la mantilla para novia?
El protocolo para llevar esta prenda es una mezcla entre la tradición y las tendencias actuales, pues la mantilla ha adquirido cada vez más importancia en las bodas. Sin embargo, no solo las novias apuestan por este complemento, sino que también podemos encontrarlo en madrinas y otras invitadas.
En el caso de las novias, claro está, la tendencia (y el protocolo) indican que el color blanco debe ser el protagonista. De este modo, es muy común ver mantillas elaboradas con tejidos finos y color blanco que encaje con el del vestido. Así, más que un sustituto del velo de novia, podemos definirlo como una prenda con carácter propio.
A la hora de ponerlo, encontramos distintas formas principales:
- Con peineta: es la manera más tradicional de llevarlo. Debe estar bien sujeta al moño y tener una altura adecuada (en el caso de mujeres con baja estatura, se recomienda una peineta más alta; de lo contrario, una de menor tamaño puede encajar bien).
- Con tiara: se trata de una opción digna de reinas y princesas. Combina especialmente bien con diseños florales muy discretos.
- Con diadema: es muy parecido al anterior, pero un poco más sencillo.
- Con broche: en vez de cubrir todo el cabello, se puede llevar atada a un broche en la parte trasera de la cabeza. Este será de color blanco y puede contener piezas brillantes.
- A modo de pañuelo: esta es, quizás, la forma menos conocida de llevarlo. Se anuda la cabeza a modo de pañuelo y cae con menos soltura, pero es más firme.
De acuerdo con el estilo, la elección de la mantilla para novia dependerá del vestido. Mayoritariamente, se suele llevar con diseños sencillos, rectos y que no tengan bordados. De esta forma, estaríamos hablando de un conjunto simple en el que la ornamentación depende de la mantilla y, si es el caso, la peineta.
Por el contrario, este tipo de complemento no encaja bien con los típicos vestidos voluminosos o con diseños demasiado llamativos. Esto se debe a que, de ser así, el conjunto quedaría demasiado recargado y no se transmitiría la sensación de sutileza y eleganciaque caracteriza a esta prenda.
¿Qué peinado llevar con la mantilla?
De acuerdo con las modas, el pelo suelto es la opción preferida por las novias. Para contrarrestar la sensación de simpleza, se pueden dar unas ondas que den volumen y resalten. Esto se puede complementar con un pequeño recogido adornado por un broche y, finalmente, la mantilla.
Para novias con el pelo corto, la mantilla sigue siendo el mejor aliado. Se trata de colocarla a modo de bandana, priorizando diseños con motivos un poco menos sencillos y anudándolo al final para dejarlo caer. Tiene un aire mucho más bohemio y original.
Como has podido ver, la mantilla no solo es una parte importante de nuestra cultura, también está presente en los enlaces matrimoniales como un complemento sutil y muy bello. En Juan Foronda fabricamos de manera artesanal esta obra de arte, siguiendo métodos tradicionales y apostando por la calidad.